existencia

Mover el cuello 

con el el sol en el costado,

ver que no estás.

Recordar las promesas torpes,

caminar por el pasillo, 

el mismo que te vio decir

que solo había un tipo de existencia.

Envolver tus palabras en el mejor sobre,

darles un beso,

guardarlas en un bolsillo,

hasta el día en que pueda

mirarlas sin que duela.

Si me dejaras bailar descalza abajo de la lluvia, olvidar las caras los brazos los vasos y solo sentir el agua, la música y la sal. Si no me hicieras pensar en ellos, haría escenas, mil escenas; tomaría al drama con las dos manos y lo usaría como un collar de diamantes. Si me dejaras volver a los días de arena, de viento, de ojos cerrados, caería rendida a los pies de mi árbol y me entregaría sin pensarlo dos veces a la melodía más triste de medianoche. Si pudiera dejar de besar extraños me iría ahora, ahora, ahora, de este frío pegajoso, de esta ficción controlada, de esta anestesia elegida. Si tan solo me dejaras sola, de una vez y para siempre, para que pueda, al fin,

bailar furiosa

sin tus ojos juzgándome.

vértigo

Pensaba que el vértigo era lo que me tenía que mover, pasó mucho tiempo y yo no distinguía ansiedad, de amor, amor de ansiedad, qué es amar sin sentir ese dolor punzante de incertidumbre, qué es amar sin el miedo omnipresente a que todo se derrumbe, me preguntaba, está bien, entonces, así debe sentirse el querer, la sensación de caída libre, el subidón como de droga de encontrarme un día con unos brazos que cuidan y otro día con unos brazos que me dan una vuelta y me dejan ir, la vida es vértigo, la vida que vale la pena es vértigo, afirmaba, gritaba, quiero eso, quiero eso intenso loco extremo, quiero todo eso con vos, quiero eso o no quiero nada, porque no quiero estar a medias, porque no sé qué es la calma, porque es lo que le exijo al mundo.

No. 

Me siento en la resaca más larga de mi vida.

lo que era, no es

Hay una luz azul que te ilumina la cara desde abajo. Si pienso en vos, te pienso así, doblado, absorto. Que vuelvas, repetías antes, que vuelvas. Volví y ¿para qué? Ahora solo puedo recurrir a poemas ajenos para entender los mecanismos del amor. Eso me pasa siempre que no entiendo: no sé no entender. Los brazos que envolvían como un manto cálido, ya no envuelven y si lo hacen, es por pura inercia. Ser honesto es un acto valiente, sí, pero quedarte por costumbre, es un acto cobarde. ¿Existe una historia más triste de una juventud simple que la de ser testigo de la muerte lenta y metódica de la ternura?

Hay muchas cosas que no sé. Pero sé que el querer no debería verse como este poema: confuso, entreverado, incompleto.

Lo que más conozco de vos es tu espalda.

cuándo

que los días pasen rápido, revisar los cajones, buscar señales pasadas por alto que anunciaran el final, aferrarme a símbolos que invento, ver el libro rosado de cine que nunca leíste, hoy no hubo internet. pienso que quizás se puede vivir así: ir de un cuarto a otro, lavar la ropa y tenderla al sol, pasar un trapo por arriba de los libros, barrer la mugre de abajo de la cama, hacerme un plato de arroz, comerlo con los pies sucios arriba del sillón, quedarme en este suspenso obligado, esperar. ya no importa tanto tender la cama, ¿cuándo pasó todo esto?